martes, 13 de septiembre de 2016

Posición Cero. Capítulo 19

Gloria y Alex. Fuera de juego.

- ¿En serio? ¿No estás bromeando? ¿Y no les has dicho nada? - No podía salir de mi asombro.

- No me atrevo. Ella quiere volver a estar embarazada y yo también deseo lo mismo. Antes de que naciera nuestro primer hijo, quedamos en que yo trabjaría y ella se quedaría en casa, puesto que no quería perderse ningún momento con Jonas. Pero el tiempo corre que vuela. Nuestro pequeño va a cumplir cuatro años,  Katerina no recibe ninguna ayuda por maternidad, y el dinero que nos queda continúa disminuyendo. Llevo casi medio año sin trabajo, buscando desesperadamente y nadie de mi familia lo sabe. Tengo un nudo en el estómago todos los días. No duermo, me siento ansioso. Finjo que salgo a trabajar cumpliendo los mismos horarios que antes. Es una locura, creeme que lo sé, pero es que simplemente no puedo, no me atrevo.

- Pero, ¿cómo no vas a poder contárselo? Se trata de tu familia. Te apoyarán. Juntos encontrareis una solución. No puedes llevar ese peso tú solo. 

- Eso es lo que me repito una y otra vez, pero la verdad es que tengo pánico a reconocer que he fracasado y que por hacer malas inversiones en mi trabajo... - Hubo una larga pausa. Alex suspiró abatido, agarrando su cabeza entre sus manos como si fuese el fin del mundo, o al menos, del suyo - Igual que hizo mi padre, llevándonos al límite a mi madre y a mí. Fue una época durísima y ahora yo he hecho exactamente lo mismo. En vez de aprender de aquello, he cometido el mismo error. No, no puedo mirarles a la cara y decírselo sin más. 

- Pero, ¿sabes siquiera cómo se siente tu esposa?-. Entonces me quedé muda. Todo empezó a encajar. La noche en el Z-Bar, los llantos, Katerina hecha un ovillo sobre la taza del váter... Menudo lío se estaba armando.

- Alex, debes hablar con Katerina ¡ya! -La estás volviendo loca-. ÉL levantó la mirada de la mesa y sus pupilas se dilataron a la vez que su boca formaba una "o" perfecta. Parecía el emoticono de Facebook.- Katerina cree que estás siendo infiel. Que por eso estás tan raro y casi no hablas con ella... Y tu madre está muy preocupada. Fingen delante de Jonas y de los demás, pero yo las he visto y no lo están pasando bien. Debes ser sincero.Por el bien de todos.

Sus ojos empezaron a inundarse de lágrimas. Se estaba derrumbando. Y yo deseaba poder hacer algo. Sentía impotencia y frustración. Evitar lo que odias y detestas, es lo que te hace caer precisamente en la misma trampa. ES una ironía.


- ¿Me acompañas a casa? Katerina y Jonas están con mi madre. Voy a hablar con ellas ahora-. Me dijo en tono de súplica. Yo asentí con la cabeza.

- Me quedaré con Jonas mientras tanto.

- Gracias. 

Nos levantamos en silencio. Fuimos hacia su coche y seguimos todo el trayecto escuchándo música de los ochenta y los noventa. De vez en cuando cruzábamos alguna mirada tímida, pero las palabras seguían encerradas a cal y canto. Tampoco es que hubiese mucho que decir. 

Me llevé a Jonas a jugar a la habitación de invitados. Alex cerró la puerta del salón. Durante más de tres horas me dediqué completamente a estar cuidando de él. Cuando alguien levantaba la voz, yo cerraba la puerta de la habitación, ponía música infantil o la tele. Jugamos a construir castillos y a las carreras de coches. Después le preparé la cena y vuelta a la habitación. Jonas no quería dormir, así que puse nanas que canturreamos juntos en alemán mientras unas figuritas iluminadas proyectadas en las paredes y el techo giraban lentamente sin cesar, hipnotizándonos. Podía sentir la tensión que flotaba desde el salón hacia todas las dependencias de la casa. Me pareció oír llantos, entonces volví a cerrar la puerta. Al final Jonas se quedó dormido y yo estaba agradecida por haber podido ayudar de algún modo.

Necesitaba irme de aquí y empezar a poner orden en mi vida. Mis prioridades debían cambiar. No podía seguir así. Primero encerrada en mí misma y un tiempo después, encerrada en una habitación extraña hasta que unos adultos decidiesen que ya era suficiente. Desde luego no estaba haciendo bien las cosas. Bueno, excepto una; bajar a la realidad. Esa sí que la había hecho bien. 

La puerta se abrió. Era Katerina. 

- Gracias, Gloria. Ya me quedo yo con él-. Su voz quebradiza se deshizo en un susurro.

- De nada. Buenas noches.

Me despedí de Christel y de Alex. Les deseé la mejor de las suertes. Alex se ofreció a llevarme de vuelta y yo me negué. Quería reflexionar. Estar en silencio y llegar tranquila a al hotel.

Es hora de continuar mi viaje.





viernes, 26 de agosto de 2016

Posición Cero. Capítulo 18

Gloria. Visita inesperada


El teléfono de mi habitación comenzó a sonar y yo lo descolgué por puro acto reflejo. Inmediatamente me arrepentí.

- Señorita Gloria, el señor Alexander desea hablar con usted -. Me quedé en blanco, ¿qué hacía Alex aquí? ¿Acaso no podía esperar a mi respuesta?

- Gloria, ¿estás ahí?

Respiré profundamente y me armé de valor. De todos modos a estas alturas no había escapatoria alguna. 

- Hola, Alex. ¿Qué haces aquí? Me has dado una verdadera sorpresa. ¿Cómo conseguiste mi número Las preguntas empezaron a brotar de forma atropellada.

- Baja a tomarte a tomarte un café conmigo y te prometo que responderé a todas tus preguntas -. Había algo en su tono de voz. Un matiz de debilidad, de tristeza. Ahora quería averiguar qué le ocurría.

Mientras me vestía pensando en ese tono de voz, recordé que es el mismo que ponía cuando las cosas no iban bien. Él siempre fue más maduro de lo normal para su edad y cuidaba de su madre como si él fuese el cabeza de familia. Dejando aparte suposiciones y otras ideas locas, centrándome en el Alex al que yo conozco, si ha venido hasta aquí sin previo aviso y quería verme a solas, es que realmente necesita alguien con quien hablar. Y yo quería reencontrarme con él, así que no voy a desperdiciar la oportunidad.

Terminé de peinarme, me calcé unas zapatillas y me subí en el ascensor.

- Hola de nuevo -. Alex me abrazó, y con ese abrazo me llevó  a tiempos de inocencia, risas que encadenaban con más risas y fotografías de carrete que a veces salían bien y otras, en cambio, se habían desvelado.

- ¿No te alegras de verme? El que se llevó una verdadera sorpresa fui yo cuando mi madre me contó que habías venido de visita. Vamos, que invito yo -. Me guiñó un ojo con expresión pícara. Pero no coló. Algo no iba bien. Sus gestos no acompañaban a su tono de voz. Se esforzaba por mantener una actitud casual, fresca, pero estaba claro que no lo estaba consiguiendo. Yo me limité a sonreír y a hacer como si nada.

- A eso no me puedo negar -. Le contesté evitando sostener su mirada. Juntos, en silencio, nos dirigimos a un rinconcito alejados del mundo, sentados a una mesa cuadrada de madera, junto a una ventana por la que se filtraba la tenue luz que sobrevivía a un cielo cada vez más cubierto de nubes.

- Aunque sea verano, las nubes y el frío parecen inevitables -. Comenté vagamente mientras cogía la carta.

- No has cambiado nada -. Respondió.

El camarero se acercó a nuestra mesa y nos tomó nota.

- Yo quiero una tarta de manzana con caramelo, un botellín de agua fría y un café con leche. Gracias- Necesitaba algo contundente.

- Yo quiero un cortado descafeinado y un vaso de agua -. Alex ni siquiera echó un vistazo a la carta.

- No es típico en ti pedir tan poco. Te encantaban los dulces y ante todo, te encantaba comer,
 ¿ya no es así?.

- Ya no puede ser así, que es distinto.

Su respuesta fría, cortante había abierto la veda para preguntarle directamente.

- ¿Qué es lo que quieres contarme? No quiero que te andes con rodeos.

El aroma dulce de la cafetería me distrajo un poco de la tensión que se palpaba entre ambos. Sabía que iba a lanzar una bomba y el preámbulo me estaba matando. 

Alex miró su anillo de boda y empezó a girarlo con nerviosismo. Tenía una expresión torturada en su mirada.

- ¿Qué es lo que me quieres decir? Conozco esa mirada. Suéltalo de una vez.

Alex levantó la mirada y justo cuando iba a empezar a hablar, el camarero volvió con la comanda. Alex se mordió los labios, parecía frustrado. Esperamos impacientes a que terminase de servirnos y entonces, al fin habló.

No me lo podía creer.








martes, 23 de agosto de 2016

Posición Cero. Capítulo 17

Elena y Gloria. Días grises

- Gloria -

Conseguí escapar de las garras de Katerina. Lo único que necesitaba era librarme con elegancia de la cita a ciegas o llamada pendiente o lo que fuese aquel número que aún no me explico de dónde salió. 
En la tranquilidad de la habitación del hotel, sumida en el silencio, logré sentir algo de paz. Saqué el móvil de mi bolso y le quité a batería. Sólo quería dormir y olvidarme del mundo por una horas.

- Elena -

- Ya sabes más sobre tu padre - Felice y Antoine me acompañaban como dos escoltas parados detrás de mí, cada uno a un lado, mientras los tres mirábamos la tumba de mi padre en el mausoleo de su familia. 

En este viaje he desenterrado recuerdos y he ido a visitar el sitio donde está mi padre enterrado. Paradójico. Triste y bonito  la vez.  Aunque ya no me quede familia directa, me siento arropada, tranquila. Ahora sé que mi madre fue amada y que yo nací fruto de ese amor, aunque fuese un amor prohibido.

¿Significa esto que el amor es más real si se sufre con él? ¿O que el amor sobrepasa al propio tiempo y a sufrimiento? 

La verdad que de estas cuestiones no tengo ni la más mínima idea. Como ya he dicho antes, las relaciones sentimentales nunca habían sido mi fuerte. Ta vez vaya siendo hora de cambiar este patrón en mi vida.


- Gloria - 

Me estiré y me dirigí al baño para volver a ducharme. Ya no me dolía tanto la cabeza y al fin empezaba a sentir algo de hambre. 

Sabía que él estaría esperando una respuesta, pero pero yo aún no estaba preparada para dársela.

Alex quería verme a solas y que no le dijeses nada a nadie. Para mí, obviamente, no me sonaba a una quedada cualquiera con un amigo más. Él quiere ocultarse y eso no puede ser nada bueno. Sea como sea, lo único que quiero es vestirme y bajar a la cafetería del hotel. Necesito comer algo lo antes posible. Dicen que se piensa mejor con el estómago lleno.




miércoles, 17 de agosto de 2016

Posición Cero. Capítulo 16



Gloria. Un océano cabe en una última copa

Puse un pie en el suelo para que el carrusel dejase de girar. Me sentí algo aliviada, pero la luz insistente me pegaba en la cara cada vez que intentaba abrir los ojos.

Me hice la valiente y fui incorporándome, con el estómago girando en sentido contrario a aquel extraño carrusel. Solo podía abrir un poquito mis ojos, todo era brillante y los pasos de elefante que se acercaban a mi habitación, acentuaban mi gran dolor de cabeza.

Toc, toc – Alguien iba a echar la puerta abajo. O eso me parecía a mí.

- Guten Morgen! – Un amplificador con patas a todo volumen trataba de darme los buenos días. – Komm schon, Jonas. Es ist Tante Gloria. – Ahora era la tía Gloria. Katerina había venido con su hijo, el cual era portador de la cura más efectiva para esta clase de resacas: café solo.

- Buenos días – Se me quebró la voz en el intento de parecer alegre y no borracha. – Muchas gracias precioso.- Le di un sorbo, estaba fortísimo y me puse a toser. Jonas me miraba expectante y yo fingí – Uuumm ¡pero qué rico! – Ahora podré vomitar del todo. Eso es lo que pensaba mientras le decía: Ahora Tante Gloria podrá levantarse – mientras le miraba con una sonrisa que solo causaba más dolor corporal del que ya tenía.

- Bueno, Jonas, ve con Christel. Pero antes dame un besito, cielo. – Y aquel angelical niño salió de la habitación, dejándome a solas con mi nueva extraña ¿amiga?

- Pero madre mía la que montamos anoche al final. – Me comenta llevándose la mano a la frente y quitándose un falso sudor en un gesto teatral.

- Eh, ¿cómo? – Yo no estaba para nada.

- ¡Venga yaaaa! No te hagas la tonta conmigo ¿Cómo no te vas a acordar?

- ¿De qué? –La preocupación hacía más efecto que la cafeína.

- ¿De verdad que no recuerdas lo que hicimos después de estar en el Z- Bar? - Ahora me miraba con desaprobación.

- ¿No?- Le dije empezando a sentir la frustración hervir bajo mi piel, o tal vez fuese el malestar de la resaca. No sé. - De verdad que no sé nada de anoche -. Le repetí. Ahora me daba cuenta, no tenía una laguna mental, sino un océano, no recuerdo nada desde sus confesiones en el baño de chicas.

- Ponme al día. – Le ordené.

- Pues mira, ves esta servilleta de aquí.

- Aha.

- ¿Ves este número de teléfono de aquí?

- Aha.

- Ves que lleva un nombre.

- Sí.

- Pues has quedado en llamarle hoy. – Deja la nota sobre el escritorio, me mira con una sonrisa de complicidad y se marcha riendo, una vez más.

Como buenamente pude, recogí la servilleta y la revisé con cara de no entender nada. Seguía sin acordarme. Me estaba ahogando en aquel océano de dudas mientras intentaba averiguar qué fue lo que hicimos anoche.

Tomé otro sorbo de café y decidí echarle un vistazo a mi correo. ¡Bingo! Elena me había escrito. Genial, no podía leer nada porque las letras aún estaban de fiesta, bailando sin parar. Voy a darme una ducha.

Antes de ir al baño me pasé por la cocina para dar los buenos días. Katerina y Christel estaban de nuevo metidas en sus conversaciones privadas de gestos tristes y enfadados. Así que dejé la taza en el fregadero, di las gracias por dejarme caer borracha sobre la cama para invitados, mentalmente, claro, mientras le daba las gracias por acogerme y le pedía permiso para ducharme.

Me tomé mi tiempo, aunque me incomodaba la idea de no tener ropa para cambiarme. Me sentía avergonzada. Menuda imagen estaba dando de mí misma.

Una vez “arreglada” aunque mi cara no tenía arreglo alguno en estas condiciones, volví a la cocina, donde el ambiente cambió de forma radical al verme entrar, Christel y Katerina se intercambiaban miraditas y se reían. Ellas lo sabían todo y no estaban dispuestas a contarme nada. Creo que quieren jugar conmigo. Bueno, las dejaré, sobre todo por el mal trago que está pasando mi extraña nueva amiga.

Mientras me ofrecían el desayuno, una melodía que reconocí, empezó a sonar en la habitación de invitados y recordé que iba a leer el mail de Elena. ¿Sería ella? ¡Seguro que sí! ¡Yujuu! Me disculpé y fui corriendo a la habitación. Esta maratón me pasaría factura más tarde, cuando hubiese hablado con mi mejor amiga. Pero… ¿de quién es este número?